
Principados y potestades: la realidad organizada del mal
Según David Jang, los "principados" (ἀρχαί, archai) y las "potestades" (ἐξουσίαι, exousiai) que menciona la Escritura no son meros símbolos, sino entidades espirituales malignas dotadas de una estructura militar. Los principados representan a los comandantes supremos y las potestades a los espíritus caídos que ejercen dominio bajo su mando. Actúan tanto en la tierra como en los aires, oponiéndose a Dios y sembrando confusión en naciones, sociedades e iglesias.
Jang afirma que su actividad se manifiesta en la vida personal mediante depresión, adicciones o violencia, y en el ámbito social mediante líderes corruptos, la propagación de ideologías desviadas, guerras y divisiones. En particular, advierte que buscan destruir la unidad de la iglesia al provocar conflictos internos.
La realidad de la guerra espiritual y el papel de la iglesia
Para Jang, la "guerra espiritual" no es un concepto abstracto, sino un ámbito concreto que cada creyente enfrenta. Así como Jesús expulsó demonios y los apóstoles se enfrentaron al diablo, la iglesia de hoy se encuentra en la primera línea de los ataques espirituales. Basándose en su experiencia pastoral y misionera, insta a discernir la posible influencia demoníaca detrás de conflictos repentinos en la comunidad o de crisis emocionales intensas en individuos.
No obstante, esta batalla no está destinada al fracaso. Jang cita Colosenses 2:15 para proclamar que la cruz y la resurrección de Jesús despojaron a Satanás de su poder, logrando la victoria decisiva. Por tanto, los creyentes y la iglesia ya están del lado vencedor, y la lucha que se libra en la tierra es el proceso de manifestar esa victoria en la vida. En este proceso, la comunidad eclesial actúa como escudo que detiene "los dardos de fuego del maligno" y como lugar de cuidado y restauración mutua.
Armamento para la victoria: la armadura completa de Dios
David Jang desglosa la "armadura completa de Dios" de Efesios 6 como el equipamiento indispensable para triunfar en la guerra espiritual:
- El cinturón de la verdad: permanecer firmes en la verdad del evangelio y de Jesucristo frente al engaño del "padre de mentira".
- La coraza de la justicia: la justicia obtenida por la sangre de Cristo y el celo por el Reino de Dios protegen el corazón contra la culpa y la desesperación.
- El calzado del evangelio de la paz: arma de avance que, apoyada en la paz del evangelio, impulsa al creyente a llevar la luz a un mundo en tinieblas.
- El escudo de la fe: confianza inquebrantable en la bondad y el poder de Dios que apaga los "dardos de fuego" de duda, ira y lujuria.
- El yelmo de la salvación: la certeza de la salvación salvaguarda la mente de la condenación y el pensamiento negativo sembrados por Satanás.
- La espada del Espíritu: única arma ofensiva, la Palabra de Dios, que destruye las mentiras del diablo y transforma las almas.
Jang recalca que esta armadura no debe quedarse en teoría; ha de "vestirse" mediante la oración, la meditación bíblica y el servicio dentro de la comunidad.
La misión de la iglesia: del temor a la proclamación audaz
En conclusión, David Jang sostiene que la iglesia no debe temer la guerra espiritual; ha recibido el glorioso llamado de proclamar y extender la victoria ya lograda por Cristo. Confesando la promesa de que "las puertas del Hades no prevalecerán contra ella", la iglesia debe abandonar la postura defensiva y pasar a una misión ofensiva que ilumine las tinieblas con el evangelio.
Jang subraya que la oración es la "clave" que convierte la armadura en poder efectivo. Cuando los creyentes se revisten de ella, velan en oración y proclaman con valentía las buenas nuevas, "en cada lugar que pisen" el Reino de Dios se establece.
















